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La gripe A

3.07.09

Hace un rato me llegó un mail de la Biblioteca Nacional en el que se anuncia que la Biblioteca suspende sus actividades durante las próximas 3 semanas debido a la gripe A. No es que haya ningún caso en la biblioteca, lo hacen por precaución.
Hoy salió el nuevo Ministro de Salud para decir que es probable que haya unos cien mil casos en la Argentina. Está claro que la anterior ministra dimitió porque no la dejaban declarar el estado de emergencia antes de las elecciones.
El virus no se propaga por el aire, a menos de que alguien te tosa o estornude en la cara, supongo.
Se propaga principalmente por el tacto. Todos tocamos a diario objetos públicos: el dinero, las barras o anillas en los colectivos o los subtes, ese tipo de cosas. La mejor prevención es lavarse las manos a cada rato con agua y jabón. En la calle, si no hay un lavabo cerca, hay que usar alcohol en gel. Pero con agua y jabón, bien lavadas las manos, es suficiente.
Y no es que se transmita por la piel, es que luego uno se toca los ojos o la nariz y entra por las mucosas. Es algo que uno hace de manera casi inconsciente, por eso lo de lavarse las manos.

Una última nota: el dinero. El dinero es un instrumento de comunicación que sirve para establecer contacto entre distintos objetos que no serían valorables de otra manera, o lo serían de manera totalmente inestable. Por ejemplo, cómo comparamos el valor de un libro y el de un corte de pelo o el de un kilo de tomates. El dinero pone todas las cosas en comunicación unas con otras. También a las personas nos ayuda a comunicarnos. Al pasar de mano en mano, sin embargo, y en casos como el de la gripe A, el dinero comunica valor, pero también, el dinero físico, las monedas y los billetes, comunica el virus.



Elecciones

29.06.09

El nombre de este blog incluye la palabra Ideal. Eso es porque cuando empecé a hacerlo, tenía la idea de ir descubriendo la ciudad que más me gusta, ir haciendo listas de todo aquello que me ilusiona, que hace mejor la vida en Buenos Aires.
Descubrir la ciudad no sólo ha sido cosa de recorrer sus calles, sus plazas, los comercios, cafés y restaurantes; también ha sido importante estudiar algo de su historia, a menudo en la forma en la que se manifiesta en el presente, a través de su arquitectura.
Tratando de elucidar esta ciudad ideal, he evitado siempre la queja. En una gran ciudad, con los problemas que son típicos de esa estructura (transporte, seguridad, limpieza, salud, educación, trabajo, etc.), lo normal es que sus habitantes se quejen y protesten. Y no es que cueste mucho más hacer las cosas bien, es que hay que hacer esas cosas y no otras.
La democracia es eso: decidir entre todos qué es lo que hay que hacer. Ayer hubo elecciones legislativas en la ciudad (y en otras partes del país, y para el Congreso de la Nación, pero aquí me refiero más que nada a lo que ocurre en la Capital).
Al no ser ciudadano no puedo votar, pero me alegré mucho del segundo puesto, viniendo casi de la nada, de Proyecto Sur, cuyo principal candidato es el cineasta Pino Solanas.
Unos meses atrás, vi su película, La próxima estación, acerca de los ferrocarriles argentinos, el desastre planificado en que han caído. Su historia es muy parecida a la de los ferrocarriles norteamericanos, ambas estructuras han tenido enemigos en común: General Motors (que fue clave en el desmantelamiento de los tranvías aquí, en Los Ángeles y en muchas otras ciudades de todas las Américas, además de los ferrocarriles) y los políticos que fueron cómplices. Hoy los efectos se ven y se sufren por todas partes, tanto en el Hemisferio Sur como en el Norte.
Entre las ideas de Solanas está la de reconstruir esa gran empresa nacional que fue Ferrocarriles Argentinos; y no sólo eso: al reconstruir esa empresa también se vuelve a poner en marcha la vertebración del país, un proyecto verdaderamente federal que afecta a todos los ciudadanos.
Ha dicho Solanas que, vistos los resultados en está elección, se presentará para gobernador de la ciudad en 2011. Siendo un hombre que viene de la cultura, y siendo Buenos Aires una de las grandes capitales de la cultura a nivel mundial, no veo por qué no puede haber ahí algo positivo. que Buenos Aires ocupe el lugar en el mundo que le corresponde. No es fácil eso, hay mucha competencia, pero tampoco es imposible.


Es absurdo, lo sé, y no tengo explicación, pero el oro siempre me ha hecho reír. El oro como palabra, el oro como metal que la gente lleva encima. No sé si esto será también una risa dirigida a nuestros valores más profundos como sociedad, entre los cuales el oro ocupa un lugar privilegiado.

Una vez me salió del cráneo una especie de aforismo que creo que desvela este asunto: La especulación inmobiliaria es a la playa lo que el oro al cuerpo de una maruja. Para los argentinos, traduzco: maruja es un ama de casa de clase media.

Pues bien, últimamente he ido anotando instancias en que el oro aparece en el nombre de algún comercio:

  • La Yema de Oro, fábrica de pastas (Directorio 4806)
  • La Llave de Oro, café-bar (Lavalle 1946)
  • Nuevo Río de Oro, confitería (Córdoba 3601)
  • El Ciervo de Oro, bar (Julián Álvarez y Velazco)
  • 9 de Oro, marca de bizcochos
  • La Bolsa de Oro, fábrica de bolsas de plástico (Luis Viale 699)

Ésta última confirma una de mis intuiciones, de hace mucho: en los ochenta tenía una compañía de teatro que se llamaba El Oro de Plástico/Plastic Gold. En la frontera entre México y EEUU, era teatro bilingüe.



Últimamente, o mejor, lo que va de año, viajo mucho más en subte que en colectivo. A veces tengo que caminar 10 ó 12 cuadras para llegar al subte, pero es más fácil hacer eso que conseguir monedas, muchas veces. En el subte se puede utilizar la tarjeta Monedero, la mejor manera de pagar en un transporte público de Buenos Aires hasta el momento.
Sin embargo, las líneas de subte corren, mayormente de este a oeste, con lo que ir de sur a norte y viceversa puede ser engorroso; hay que tomar un colectivo.
Hoy, tenía que ir de Tribunales a Almagro. Podría haber tomado el subte tranquilamente (línea D, con transbordo a la línea A), pero decidí tomar el colectivo 5, que había oído que acepta la tarjeta Monedero. Y efectivamente, viajé en colectivo sin tener que desembolsar monedas.
Hay otras líneas que aceptan la tarjeta ya: 5, 8, 50,101, 61 y 62. Todas de la misma empresa. Lástima que sean líneas que rara vez tomo.

El Gobierno está tratando de implementar un servicio de tarjetas compatible con todos los transportes públicos en el área metropolitana. Hasta ahora han sacado la tarjeta SUBE, pero con escasa repercusión. Tienen la tontería de que hay que presentar el DNI para sacarla, mientras que la Monedero es totalmente anónima. ¿Para qué un trámite así para una tarjeta de transporte? Dicen que es por si se pierde, que uno la pueda anular para que otro no la utilice.
A mí esto no me cuadra. Yo nunca llevo una carga mayor a 20 pesos en la tarjeta. Si la pierdo, será molesto, pero no es como para ponerme a llamar a nadie para que la anulen. ¿Para qué quieren esa información del usuario? No lo sé.
Por ahora, la nueva tarjeta y la Monedero, se pueden usar en las líneas de tren Urquiza y Belgrano Norte, en el Premetro, en el subte y en las líneas de colectivos que ya apunté arriba. Pregunté en el subte y me dijeron que las dos tarjetas son totalmente compatibles.
Espero que pronto se pueda uno olvidar de las monedas y no haya más problemas con el cambio. La tarjeta de transporte es la solución.



Boedo y Florida

15.06.09

En su libro Intersecting Tango: Cultural Geographies of Buenos Aires, 1900-1930, Adriana Bergero cuenta que las elites de principios del siglo XX salían a pasear por la calle Florida por la tarde, a una hora en la que el resto de la gente trabajaba. Yo añado que no sólo tenían tiempo para pasear, sino también para arreglarse antes. Porque había que arreglarse y mostrarse. Traduzco a Bergero:

Podríamos decir que los participantes disfrutaban de su paseo mientras los demás trabajaban porque en efecto pertenecían a un grupo de parásitos económicos. Pero si lo miramos más de cerca, podríamos verlos también como que trabajaban a su manera, invirtiendo su esfuerzo en hacer un espectáculo del privilegio. En efecto, están trabajando para producir ritos sociales que los legitimen. Así, en la geografía cultural de Buenos Aires, la calle Florida se convierte en un espacio público transformado en un lugar para la ostentación pública/privada de la elite. (p. 49)

Al leer esto, de repente me di cuenta del significado profundo de la distinción literaria entre Boedo y Florida. Siempre había sabido que el grupo de Boedo era primordialmente de escritores que vivían de escribir, que estaban enganchados al mercado y todas sus violencias, mientras que los de Florida solían tener dinero y no necesitaban vender lo que escribían. Sabía que esto marcaba una diferencia de clase social que los de Boedo (Barletta y Castelnuovo, principalmente) querían marcar desde abajo. Pero lo que no había entendido, y empiezo a ver ahora, es que la distinción era emblemática geográficamente en el sentido de una calle de absoluto privilegio—que en realidad ya no lo es—y otra que no llevaba a otro sitio que al arrabal.

LEER TODO EL ARTÍCULO

  • “Parece que todos van al carnaval… al carnaval… al carnaval.” Una vieja linyera, sentada en el umbral de un edificio clausurado. (Rivadavia casi Medrano).
  • “Perdón, la calle Piedras, ¿crece para allá o para ?” Una mujer preguntando por la calle; yo nunca había oído la palabra crecer utilizada de esa manera. (Piedras esquina Avenida de Mayo).
  • “Pizzas envenenadas.” Esa es mi dislexia creativa. En realidad ponía: “Pizzas & empanadas.” (Lo apunté, pero me olvidé de anotar la dirección).
  • “Los héroes no saben.” Una pintada que me sigue pareciendo poética; no sé si será el nombre de una banda de rock o qué, pero no la he vuelto a ver en ningún otro sitio. (Cnel. A. Figueroa al 500).

Albamonte

8.06.09

Que me gusta comer, creo que ha quedado bien claro en el transcurso de este blog. El sábado fuimos con Carolina y nuestra amiga Juli al Albamonte, un bodegón que queda enfrente del cementerio de la Chacarita. Pocas veces he comido mejor en Buenos Aires, la verdad.
Detesto los sitios pretenciosos, esos que quieren presentar lo mismo de siempre con otra decoración y un nombre extranjero. En el Albamonte la carta incluye comida tradicional española e italiana a la manera de Buenos Aires, como los bodegones de siempre.
Carolina se pidió unos fusiles al pesto y tuco; Juli unos ñoquis a la putanesca, ligeramente picantes, y yo las trillas fritas, que resultaron ser salmonetes. Que haya un sitio en donde comerse una bandeja de salmonetes fritos en Buenos Aires, sólo saberlo ya me pone de buen humor. Como nos gustan las verduras, pedimos unas espinacas salteadas para compartir, excelentes también. Yo lo probé todo, claro. Hasta el pan estaba bueno.
Sentí la tentación de comerme los salmonetes como hacen los marineros gallegos, montándolos en un trozo de pan y entrándoles con los dedos; pero consideré que los argentinos a nuestro alrededor se escandalizarían, pensarían que soy un cerdo, y me puse a ellos con tenedor y cuchillo. Lo bueno de esto es que al tener los utensilios en las manos me resultaba más fácil robar de los otros platos.
Disfruté de lo lindo.
La decoración del lugar es la clásica de los años 50, con paredes recubiertas de madera hasta la mitad, algo que me recuerda tantos sitios similares en Galicia. Soy de la modesta opinión de que no hay que cambiar nada de lo que funciona, ni la decoración, ni la comida. El Albamonte lleva unos 50 años haciendo lo que hace, y le deseo otros cincuenta. Cuando se cumplan, repito el deseo, y así hasta la eternidad.


Hace una semana o así, supe que donde ahora vivo, cerca de Plaza Irlanda, es el barrio donde creció y fue a la escuela (a tres cuadras de mi casa) Roberto Arlt. Soy vecino de Arlt con cien años de distancia. Y claro, ese siglo que ha transcurrido hace imposible ver por aquí lo que Arlt vio. Flores ya no es un pueblo cercano a Buenos Aires, sino un barrio más, aunque con su propia manera de ser.
También hace poco llegué a saber que el mercado de Flores sigue en pie. Está en el 2714 de la calle Ramón L. Falcón. El mercado está en obras. Ahora pertenece a una cooperativa que lo está poniendo de nuevo en funcionamiento. Van despacio porque lo hacen con su propio dinero, sin subsidios ni ayudas de la Ciudad.
Me gusta esta idea de que una cooperativa mantenga un mercado. Las cooperativas son iniciativas ciudadanas, sirven para hacer comunidad; y los mercados también. Allá donde hay uno, la comunidad tiene un punto de encuentro. El mercado se convierte no sólo en un centro de distribución de mercancías, sino también de información. Los puesteros conocen a todo el barrio y pueden decirle a uno cómo van las cosas, dónde encontrar un buen plomero, cómo y dónde comprar lo que uno quiere.

Pongo un ejemplo de la importancia comunitaria de los mercados. En Valencia, donde los más antiguos han cobrado un auge y una importancia que parecía que perderían a manos de los super e hipermercados, la alcaldesa, Rita Barberá, siempre se daba una vuelta por los puestos, saludando a la gente, charlando con ella, comprando algo, cuando iniciaba sus campañas políticas. Rita no es tonta y sabe que la información se mueve con gran rapidez y eficacia por los mercados. Al ir a ellos, estaba consiguiendo votos de la manera más barata y eficaz posible.
El mercado de Flores es una estructura de hierro y madera típica del año en que se construyó: 1892. Originalmente era una feria, como suele ocurrir, y fue la primera que se organizó en Buenos Aires en forma de mercado: cuestiones de higiene y de control social, claro. El mercado también sirve para eso. Si queremos ver un ejemplo de lo contrario, en Buenos Aires, sólo hay que ir a los alrededores de las estaciones de ferrocarril, están sucios, son peligrosos, el flujo de gente que viene y va o sólo está por ahí viendo qué caza es caótico.
Pero hoy, lo más importante de los mercados, es esa función comunitaria que tienen. El de flores lo lleva la Cooperativa Libertadores de América. Que entienden lo suyo como un emprendimiento social y comunitario, no sólo como un negocio (como ocurre con los shoppings) se ve en sus varias conexiones: como me contó Pablo (que tiene una parrilla en la entrada del mercado) todos los martes se juntan con las ONGs de la zona para discutir y promover soluciones a los problemas del barrio; también apadrinaron la cooperadora de la Escuela Pública José María Paz, que está a dos cuadras. También se hizo ahí la feria del libro alternativo en el 2007. Y quieren hacer una feria del diseño para fin de año. En realidad, cuando terminen de reformar el edificio, su idea es hacer un evento de este tipo cada mes. De nuevo: el mercado no es sólo centro de abastecimiento, sino un nodo muy importante desde el que se distribuye información y cohesión a la comunidad.
En una ciudad tan disgregada, tan grande, tan difícil como Buenos Aires, estos nodos son de capital importancia.