Dos apuntes
jul 17, 18:20
Uno
El otro día salí a dar una vuelta por el centro con dos jóvenes españoles recién llegados que me habían contactado por medio de este blog. Ana y Alberto vinieron a Buenos Aires para completar sus investigaciones sobre temas literarios.
Una cosa que me contaron y me llamó la atención es la decepción que sintieron al ver la ciudad sus primeros días aquí. Y es que la Buenos Aires que sigue trascendiendo es la ciudad europea, la París de Sudamérica. Pero esa decepción iba acompañada de una sensación de alivio: esta no es una ciudad museo como las europeas, es una ciudad viva, vibrante, intensa y peligrosa. Peligrosa en el buen y en el mal sentido.
En el malo, está la consabida inseguridad, que yo no noto distinta de grandes ciudades como Madrid. En el bueno, están todas las tentaciones: la noche, los cafés, las librerías, los teatros… todo lo que te alivia del dinero, muchas veces porque quieres y otras porque no fuiste capaz de resistir.
Pero es verdad, Buenos Aires, a primera vista, decepciona. Es cuando uno empieza a explorar la ciudad que ésta se vuelve fascinante. Y si uno se pone a echarle un vistazo a su historia, todavía más.
Dos
Acaba de aparecer un artículo en el New York Times sobre algunos cafés de Buenos Aires. Todos son de la lista de Notables, todos conocidos. Lo interesante de la nota es que se refiere a lugares donde no la cuenta no significa que uno tenga que pedir asilo económico en casa de familiares.
Hace unos meses hablaba yo con el Conserje de uno de los hoteles más caros de la ciudad y me contaba que la ocupación en el hotel había caído un 40% en el último año.
En ese mismo período, cerraron decenas de restaurantes, sobre todo de los caros. Lo que he oído es que se pasaban muchísimo con los precios, y esto por dos razones: una es que estaban dirigidos al turismo extranjero, al que había que sacarle la plata lo más rápido posible; otra es que los dueños de los locales pensaban lo mismo en cuanto a los restauranteros y los alquileres eran brutales.
Pero permanecen los sitios tradicionales, cafés y bodegones, algunos descritos en el artículo del NYTimes. Son los mismos a los que he ido siempre desde que vivo aquí.
