Esta semana estuvimos, Carolina y yo, de acampada en San Pedro, provincia de Buenos Aires. La reacción de los amigos españoles cuando se enteraron fue unánime: ¡¿Roger de acampada?! Y es que conocen mi pasión por lo urbano, que es de lo que siempre hablo, pero no que me guste la naturaleza. Me alegro de poder sorprender, todavía, a unos cuantos. De todas maneras, ahí en el camping, rodeados como estábamos de naturaleza domesticada y sin domesticar, una de
mis diversiones era claramente urbana: sacar fotos de los letreros que iba encontrando. Siempre me divierten las prohibiciones y las reglas; creo que me producen más risa, y a veces desconcierto, que desazón o ira. Aunque no se quiera, un camping también es un espacio urbano, y como tal, está lleno de avisos y advertencias. Los que aparecen en este post son algunos de los que coleccioné en los días que estuvimos allí.
