No existe en Buenos Aires, capital, una calle dedicada a
Juan Manuel de Rosas. La manera más fácil de explicar esta omisión es que en la larga disputa que hubo entre federales y unitarios a mediados del siglo
XIX, ganaron los unitarios. Así que no extraña que el odiado líder federal no tenga calle en la ciudad. Lo que me extraña es que Rosas es lo suficientemente importante como prócer para que su retrato aparezca en un billete, pero no lo es como para que su nombre aparezca en una calle.
Se cuenta que fue sanguinario y represor. Creo que eso no hay manera de ponerlo en duda. Pero también lo fueron los unitarios cuando ostentaron el poder en la década de 1820, con Lavalle (que sí tiene calle) a la cabeza.
Existe la leyenda de que la Casa Rosada es de ese color como símbolo de la reconciliación nacional tras la caída de Rosas: una mezcla del rojo federal y el blanco unitario. Sería más creíble si el color de los unitarios no hubiera sido el celeste, en lugar del blanco. Los colores de la bandera argentina a su vez, también se acercan más a los unitarios que a los federales.
En parte, la mala reputación de Rosas se debe a que la historia oficial fue escrita por sus enemigos, Sarmiento y Mitre. En el siglo XX hubo otros historiadores que intentaron rescatar su figura y lo lograron a medias. No es fácil defender a un líder sanguinario, aunque sus opositores también lo fueran. Ya se sabe que la historia la cuentan los vencedores.